PREVENTA

  • Colección: Ensayo

  • Páginas: 180 páginas

  • ISBN: 978-987-4970-29-9

 

¿Qué quiere un varón?

 

El psicoanálisis es un método de interpretación de la cultura. Esta es una idea de Freud que siempre me resultó atractiva; no solo porque –como él decía– subordina los efectos terapéuticos a una misión más amplia, sino porque la cultura no deja de estar relacionada con el fin más propio de esta práctica: la lectura de la huella del sujeto, sea en la palabra de un paciente o en las formaciones que nos ofrece el arte.

De este modo, queda subvertido el habitual reproche al psicoanálisis aplicado. No se trata tanto de pensar que se usan canciones, películas y/o referencias literarias para inyectarles un supuesto saber analítico, como de tomarlas para establecer una condición particular de la estructura social que nos constituye y eventuales respuestas singulares. Los conflictos son típicos, incluso lo son los síntomas. Cada época tiene los suyos y produce arte de acuerdo con ciertos criterios. La ventaja del arte —ese punto en que Freud decía que el artista lleva un poco la delantera— es que también incluye los rastros del modo específico en que alguien se hizo cargo de una pregunta común y se ocupó de responderla con su estilo.

Este libro de Gabriel Artaza Saade avanza en la dirección del desciframiento y la puesta a punto de coordenadas subjetivas. Su método parte de la lectura de las obras, tratadas como síntomas que esconden conflictos que hoy nos interpelan culturalmente: ya nadie sabe qué es un varón. La masculinidad exhibe su carácter de artificio. Si durante mucho tiempo se habló del enorme trabajo que requiere devenir mujer, en psicoanálisis siempre se tomó por algo obvio que lo masculino es equivalente a lo fálico, que los varones son todos iguales y que su deseo queda atrapado en la red fantasmática (que hace del Otro un objeto más o menos degradado). 

Las páginas que siguen tienen, en primer lugar, el resultado balsámico de recuperar la ambigüedad. Un buen libro de psicoanálisis comienza a partir de contrarrestar lo obvio. Este es un buen libro entonces. En segundo lugar, a partir de los casos-obras que tematiza, Artaza Saade nos introduce con tacto, humor e inteligencia, en vericuetos de la cultura popular para desestabilizar las dos grandes identificaciones que en estos días se apropian la voz viril: el machirulo y el deconstruido. Y así es que, como si se tratara de una intervención respecto de un síntoma, deshace la elección forzada y dice: ni uno ni lo otro; mejor interrogar las condiciones que llevaron a semejante trampa, a esa división alienante.

Este libro produce una intervención y consigue un lúcido efecto de separación, de esas separaciones virtuosas que, antes que dejarnos caer en una identificación melancólica, más bien restituyen la pregunta por el deseo: ¿qué quiere un varón? 

Después de leer estas páginas, se tiene la impresión de haber salido de una encrucijada, pero no de haber perdido el camino. Esta es la etimología de la palabra “método”: camino. Con este libro, uno siente que pasea, se divierte, piensa y, entre rodeos, advierte que fue conducido con maestría y elegancia, más allá del lugar común, a lo inesperado. Este libro es una excelente manera de entrar en la experiencia del inconsciente.

Luciano Lutereau

 

 

qeja es Gabriel Artaza Saade

María Lobo

Ni machirulo ni varón deconstruido - Gabriel Artaza Saade

$1.600
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  • ISBN: 978-987-4970-29-9

 

¿Qué quiere un varón?

 

El psicoanálisis es un método de interpretación de la cultura. Esta es una idea de Freud que siempre me resultó atractiva; no solo porque –como él decía– subordina los efectos terapéuticos a una misión más amplia, sino porque la cultura no deja de estar relacionada con el fin más propio de esta práctica: la lectura de la huella del sujeto, sea en la palabra de un paciente o en las formaciones que nos ofrece el arte.

De este modo, queda subvertido el habitual reproche al psicoanálisis aplicado. No se trata tanto de pensar que se usan canciones, películas y/o referencias literarias para inyectarles un supuesto saber analítico, como de tomarlas para establecer una condición particular de la estructura social que nos constituye y eventuales respuestas singulares. Los conflictos son típicos, incluso lo son los síntomas. Cada época tiene los suyos y produce arte de acuerdo con ciertos criterios. La ventaja del arte —ese punto en que Freud decía que el artista lleva un poco la delantera— es que también incluye los rastros del modo específico en que alguien se hizo cargo de una pregunta común y se ocupó de responderla con su estilo.

Este libro de Gabriel Artaza Saade avanza en la dirección del desciframiento y la puesta a punto de coordenadas subjetivas. Su método parte de la lectura de las obras, tratadas como síntomas que esconden conflictos que hoy nos interpelan culturalmente: ya nadie sabe qué es un varón. La masculinidad exhibe su carácter de artificio. Si durante mucho tiempo se habló del enorme trabajo que requiere devenir mujer, en psicoanálisis siempre se tomó por algo obvio que lo masculino es equivalente a lo fálico, que los varones son todos iguales y que su deseo queda atrapado en la red fantasmática (que hace del Otro un objeto más o menos degradado). 

Las páginas que siguen tienen, en primer lugar, el resultado balsámico de recuperar la ambigüedad. Un buen libro de psicoanálisis comienza a partir de contrarrestar lo obvio. Este es un buen libro entonces. En segundo lugar, a partir de los casos-obras que tematiza, Artaza Saade nos introduce con tacto, humor e inteligencia, en vericuetos de la cultura popular para desestabilizar las dos grandes identificaciones que en estos días se apropian la voz viril: el machirulo y el deconstruido. Y así es que, como si se tratara de una intervención respecto de un síntoma, deshace la elección forzada y dice: ni uno ni lo otro; mejor interrogar las condiciones que llevaron a semejante trampa, a esa división alienante.

Este libro produce una intervención y consigue un lúcido efecto de separación, de esas separaciones virtuosas que, antes que dejarnos caer en una identificación melancólica, más bien restituyen la pregunta por el deseo: ¿qué quiere un varón? 

Después de leer estas páginas, se tiene la impresión de haber salido de una encrucijada, pero no de haber perdido el camino. Esta es la etimología de la palabra “método”: camino. Con este libro, uno siente que pasea, se divierte, piensa y, entre rodeos, advierte que fue conducido con maestría y elegancia, más allá del lugar común, a lo inesperado. Este libro es una excelente manera de entrar en la experiencia del inconsciente.

Luciano Lutereau

 

 

qeja es Gabriel Artaza Saade

María Lobo